En lo que tiene de exhibición, en las estancias y también en personajes, llegamos a una cuarta referencia. Los Castlevania, concretamente su último episodio tridimensional en PS2. A este le gana por la apertura de los escenarios, porque sus enemigos aquí se combinan de forma mucho más hábil y porque algunos de ellos tienen una originalidad que en otros títulos se pierde en cantidad. Y por forzar las referencias, por tanta gruta y tanto cofre, nombremos al Gauntlet, el clásico de los 80 que nunca tuvo verdaderos motivos para volver. Con él la comparación es más débil pero... si God Of War hubiera tenido un modo multijugador, difícilmente se podría haber desarrollado con tanta movilidad, e imposible bajo este guión, pero esto habría sido... ¿mejor? ¿es posible?
A golpe de escenario
Cuando el personaje se mueve tan bien, cuando los enemigos van surgiendo poco a poco, los escenarios saben evitar que nos acostumbremos a ellos. Contemplar a nuestro futuro rival Hades desde un acantilado, un gigante liderando un escenario de lucha fantástica, o profundizar en cada uno de los recovecos de la ciudad de Atenas tras haber recorrido barcos de extensiones gigantescas, todo es sencillamente memorable. La dificultad se ajusta tanto que tardarán en ajusticiarnos la primera vez salvo que caigamos en alguno de nuestros ejercicios de equilibrismo (habitual que nos toque cruzar la maroma). Aquí podrían seguir anunciándose muchas más de sus virtudes, su banda sonora de superproducción clásica, sus escenas arrolladoras, que las introducciones no nos obliguen al parón y que las cargas estén tan medidas durante su desarrollo que sólo adelantándonos en exceso puede parar unos segundos. O que sólo en espacios muy abiertos en orgías de sangre contra orcos descomunales se resienta muy puntualmente el engine. Pero el mejor de sus argumentos es uno, que por primera vez desde hace varios años, en la toma de contacto para hacer un análisis en esta revista, quien os escribe no ha empleado el tiempo básico para orientarse y sentar bases para otra partida, si no que esta ha llevado aparejada un número de horas atrapado en otro mundo, un mundo fantástico que redescubre el manido concepto de la épica.